Cómo hacer wheatgrass o hierba de trigo

Quizás leer acerca de comer hierba no suena de lo más apetecible, pero al margen de lo que pueda parecer, la hierba de trigo o wheatgrass es un súper alimento que merece la pena valorar.

La cuestión es que ingerir una pequeña cantidad de líquido producido a partir de este pasto tierno proporciona una vasta fuente de nutrientes y enzimas que lo convierten en una joya cruda de altísimo valor nutricional que además limpia y purifica el organismo alcalinizando y desintoxicando la sangre.

¿Alguien da más? 

Existen empresas que comercializan ya este producto, pero si tienes ganas de probar lo ideal es que trates de hacer tu cultivo propio. Es fácil siguiendo estos pasos:


  • Para empezar procura comprar granos de trigo orgánicos de la mejor calidad. Mejor semilla = mejor brote.
  • En un recipiente con agua pon a remojo durante una noche las semillas. Yo puse bastantes por si a algunas se les daba por no nacer más adelante. Siempre es mejor prevenir.
 


  • Coloca en una bandeja la mejor tierra con compost orgánico que puedas encontrar (un par de centímetros de grosor son suficientes) y saca las semillas de trigo de su remojo secándolas bien. La idea es esparcirlas por la tierra enterrándolas un poco. Regamos con un pulverizador.
  • Una vez preparada la bandeja la dejamos en algún lugar oscuro durante un par de días y después la sacamos a la luz. Eso sí, hay que continuar regándola todos los días hasta que mida unos 12-15 cm. 

OrionHealing (por error borré la foto de mi hierba y me di cuenta cuando ya la había cortado, pero tendría que quedar algo así)

  • Introduce la wheatgrass en la licuadora para extraer el jugo propio de la planta. Yo lo que hago es tomarme lo equivalente a un vaso de chupito en ayunas y esperar de 20 a 30 minutos para seguir desayunando. Lo puedes congelar recién hecho para días sucesivos y así conservará sus propiedades.










Si te resulta muy fuerte o de sabor desagradable lo puedes rebajar un poco con agua, pero lo que no hago es mezclarlo con otros alimentos para que actúe solo. Por cierto, estos brotes no contienen gluten porque aunque se trate de trigo, estamos consumiendo la propia planta con toda su clorofila, no la semilla en sí misma. Créeme que tendrás un excelente suplemento energético y vitamínico ;)


Por qué evitar el gluten

En esta ocasión me apetecía hablar sobre el gluten porque es un tema cada vez más recurrente. Como todo el mundo sabe, últimamente la tendencia en favor de dietas gluten free o libres de gluten se está extendiendo. No solamente tiendas específicas de dietética ofrecen productos que carecen de esta proteína sino que la oferta es cada vez mayor en los supermercados de toda la vida. 

¿Por qué?

Probablemente lo primero en lo que pensamos cuando se habla de dietas libres de gluten es en la enfermedad celíaca. Creemos que si no padecemos este tipo de reacción alérgica estamos libres de todo problema.

¡Error, señoras!

Un porcentaje altísimo de personas manifiestan síntomas como hinchazón del abdomen o malestar cada vez que ingieren un alimento con gluten (también me ocurre a mí...). Mucha gente ni siquiera sabe ni se plantea que pueda ser por el pan o galletas que se comen cada día. En estos casos se suele hablar de intolerancia, una palabra que me gusta mucho porque la realidad es que nadie hoy en día es tolerante a esta sustancia. Nuestro organismo no está preparado para procesar el gluten. Lo sé, malas noticias.

De hecho, la palabra gluten procedente del latín significa "cola" o "goma", refiriéndose así a sus propiedades adherentes y pegajosas que solamente causan estragos en nuestro intestino delgado y demás órganos.




Algunas ventajas de desterrar el gluten de nuestras vidas.

- Absorberás eficazmente todos los nutrientes tu dieta. Al parecer el gluten perjudica la capa del intestino encargada de captar nutrientes para que pasen al torrente sanguíneo y desterrar lo que es inservible.

- Consecuencia de lo anterior, seguramente te sentirás con más energía y vitalidad. Si consumes gluten es como si llenases el depósito de tu coche con el combustible equivocado. En lugar de alimentarlo, lo atasca.

- Deshincharás tu abdomen sintiéndote más ligera y perdiendo peso. Esto es porque el gluten, al aferrarse a las paredes de tu intestino causa inflamación e incluso irritación. Notarás la diferencia

- Muchas veces si esta proteína anda merodeando por nuestro cuerpo nos hace intolerantes a otros alimentos (reacción cruzada) y los problemas con nuestra dieta se agravan.

Hablando de deporte, viene a mi cabeza la reciente noticia de la adopción por parte de Novak Djokovic de una dieta gluten free. Él mismo asegura que ha notado mejorías en su bienestar y por tanto ha influído positivamente en su carrera y sus éxitos. ¿Pura coincidencia? 

Y una última reflexión... ¿Conoces a alguien con déficit de gluten? Yo tampoco. ¡No lo necesitamos para nada!


¿Son las grasas lo que nos hace engordar?

Típica escena: Quiero perder peso, voy a evitar las grasas. Todas. Y alegría. 

Señoras, permítanme decirles que van por la senda incorrecta. Lo primero que tenemos que preguntarnos si queremos adelgazar sanamente es de dónde vienen las calorías extra que nuestro cuerpo almacena porque claramente no necesita. ¿Seguro que vienen de las grasas? 

Aclaro que por grasa entiendo todas las que no han sido hidrogenadas ni procesadas (grasas trans) o modificadas de forma industrial.

Dicho esto, bueno es saber que si echamos un ojo a la historia de la humanidad observamos que siempre nos hemos alimentado con muchas grasas. Constituyeron durante miles de años el combustible perfecto para nuestro cuerpo y nuestro metabolismo. Todo era gozo con tanta grasa hasta que un buen día sobrevino la agricultura, los cereales empezaron a campar a sus anchas y todo empezó a cambiar...








De hecho, como cita David Perlmutter en su libro 'Cerebro de pan',


Nuestros ancestros no tenían un acceso significativo a los carbohidratos, excepto quizá hacia finales del verano, cuando las frutas maduraban. Curiosamente, este tipo de carbohidrato habría tendido a incrementar la creación y acumulación de grasa para ayudarles a sobrevivir en invierno, cuando escaseaban la comida y las calorías. No obstante, hoy en día le estamos mandando señales al cuerpo de que almacene grasa los 365 días del año [...]


Entonces, ¿quiénes son los principales culpables de que engordemos? ¿por qué tenemos sobrepeso?

La respuesta, efectivamente, está en los carbohidratos. Me da igual si son simples, complejos o como tú quieras, no es nada bueno abusar de ellos porque son los responsables del aumento de peso. Es más, el aporte de carbohidratos en nuestra dieta debería ser bastante reducido porque esa glucosa que nos proporcionan forma calorías vacías se acumulan y hacen que tu cuerpo se vuelva adicto. Y por si fuera poco ya no adelgazas porque no usas la grasa como combustible. Vaya. 

En definitiva, la grasa en sí no es el problema. El problema es decantarse por comer demasiados carbohidratos y pocas grasas. Yo procuro tomar una cantidad más que decente a lo largo del día, junto con proteína de primera calidad en carnes, pescados y huevos, nutrientes que me proporcionan los vegetales y plantas y frutos secos y semillas. ¡Y me encuentro estupendamente!

¿Carbohidratos? Los que me da alguna fruta, boniato... probadlo! Vale la pena :)







¿Cuál es la mejor dieta?


La cantidad de información que nos bombardea a día de hoy acerca de alimentación, dietas y salud puede hacer que tu cabeza explote de un momento a otro; lo que unos dicen que es bueno, para otros es malo, los estudios se contradicen y uno no sabe a qué atenerse, ¿verdad? 

Que no cunda el pánico. 

Lo primero que hay que saber es que cada persona es diferente. Lo que a tu primo no le da ningún problema a ti puede causarte una intolerancia. Por eso no existe una dieta única, exclusiva y milagrosa que sea óptima para todos.

¿Qué demonios hacemos entonces? Trata de descubrir qué alimentos favorecen a tu cuerpo y qué alimentos no son tan beneficiosos. Lleva tiempo, sí, pero hay ciertas pistas que te pueden ayudar a alcanzar lo que yo creo que debe ser nuestra meta: comer lo mejor posible para alcanzar un estado de salud óptimo.




  1. Come lo más natural que puedas. Quiero decir, de la tierra a tu estómago. Animales salvajes o criados en semi-libertad, vegetales orgánicos cultivados sin pesticidas... Es lógico. Cuanto menos procesado esté lo que comes, más puro será. Si un alimento lejos de descomponerse dura infinito contigo (tanto que casi es de la familia), desconfía de él...
  2. ¡Lee las etiquetas! La comida envasada evidentemente no responde al punto anterior, pero si vas a tomar productos así, lee lo que estás ingiriendo. Si encuentras plenitud de saborizantes, espesantes, potenciadores del sabor, colorantes, conservantes etc, piensa en la cantidad de químicos que te comes. Not good.
  3. Come con cabeza. Lee. Investiga. Pregúntate cosas. Analiza. Obtén tus conclusiones. La industria alimentaria está llena de intereses económicos. El caso de cómo un producto barato puede convertirse en una mercancía rentable lo tenemos en los cereales o el azúcar. ¿Crees que a los productores de estos alimentos les preocupa tu salud?
  4. No subestimes de dónde vienes. Los humanos, con tanta modernidad, nos hemos convertido en seres desvinculados con la naturaleza y la tierra. Nuestros genes contienen herencia de hace muchos miles de años con respecto a la alimentación que muchas veces pasamos por alto. Investigar sobre qué comían nuestros antepasados primitivos te dará las pistas para saber qué alimentos estás programado para procesar y cuáles no.
  5. Por último. Lo más importante. Escucha a tu cuerpo. Si una digestión es pesada, si notas hinchazón, si tus defensas están bajas y enfermas a menudo, si tienes sobrepeso, carencia de nutrientes, problemas en la piel... Hay muchísimas señales evidentes de que algo puede no ir bien. Concéntrate en observarte y quererte porque al fin y al cabo, si estás vivo es porque tienes un cuerpo físico. Cuídalo.



Gelatina de naranja con agar agar


Últimamente tengo obsesión por los postres, siempre intento tener algo saludable preparado para ese momento en el día (cualquier momento, de hecho) en el que me apetezca.

Para esta receta de gelatina utilicé agar agar, ya que este alga tiene sabor neutro y funciona genial como espesante. Solamente se necesitan cuatro ingredientes y se hace en unos pocos minutos. Easy peasy.




Ingredientes:
  • Una cucharada sopera colmada de agar agar
  • Medio litro de agua
  • Stevia al gusto
  • Zumo de 3 o 4 naranjas




Elaboración:

- Hervimos el medio litro de agua junto con la cucharada de agar agar. Lo dejamos hervir durante 8 minutos.

- Incorporamos el zumo de naranja + la stevia a la mezcla removiendo bien.

- Lo servimos en el recipiente elegido y lo dejamos en la nevera hasta que se enfríe del todo.


Y por supuesto, la imaginación que no falte. Mi próxima versión será de limón seguramente, y también quiero meter trozos de fruta por dentro. Hay miles de posibilidades :)  



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